21 diciembre, 2012

La segunda muerte




  
FRAGMENTO

...así como la costumbre de despertar del sueño cotidiano, Mario vio la luz nuevamente. Se sintió desconcertado por el recuerdo que tenía de estar enfermo y haber cedido al dolor; además podía moverse normalmente. Pero no estaba solo: una multitud le rodeaba. Un temblor estremecía a todos pero no sentían desesperación. El día era brumoso y templado. Los rayos solares se expandieron de tal forma que el sol desapareció para iluminar todo el firmamento y descendió del espacio una estrella que al posarse sobre la Tierra se transformó en Cristo nuevamente humanizado, ahora con el nombre de   Emmanuel, aquél con el que originalmente fue profetizado. Todo el mundo permaneció de pie sin parpadear. Nadie despegó sus labios. Poco a poco todos se hincaron y Emmanuel habló:
   –Levantaos hermanos.
    Esto lo dijo con gran serenidad y desplazó su mano derecha con atractiva firmeza.
    Todos se levantaron y durante algunos minutos se reconocieron los parientes vivos y “muertos” que se saludaron, pero evitaron distraerse del suceso divino. Fue entonces que Emmanuel volvió a tomar la palabra que llegaba a todos.
   – He aquí el día anunciado. Vine un día a dar el mensaje de mi Padre y me crucificaron, pero resucité y dejé sentencia de volver para comenzar una vida llena de gracia y felicidad. Ahora que ustedes los hombres, después de saber de los males y los bienes, después de haber errado el camino lograron instaurar por sí mismos una sociedad común y justa, debo, como conducto del Padre, premiarlos con la máxima razón que esté de nuestra parte.
Foto: Spencer Tunick
    Ciertamente la humanidad, después de guerras y discrepancias, había ya logrado asociarse sin rencor. Emmanuel continuó con la palabra:
   – Este es el juicio final. En él comparecerán todos los que pisaron y transitaron por esta tierra. En él serán evaluadas las acciones de cada ser...

D. R. © Teófilo Huerta, 1986

       
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D. R. © Plaza y Valdés, 2011


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